Las Coach también lloran

Que me llamen Happy Flower es el pan de cada día, todos mis amigos me preguntan “¿Qué haces para estar así de contenta y de sonriente siempre?”
Pero hay días que no, bueno corrijo, hay situaciones que me provocan una emoción de tristeza, como a todo el mundo, pero cuál es mi secreto….SABER GESTIONARLO.
Hacer el proceso de racionalizar una emoción es un ejercício muy sano para no quedarnos anclados en esa tierra de nadie donde entramos cuando algo nos toca, pero que igual que en un desierto podemos echar a andar y acabar perdiéndonos en él.
La tristeza es una emoción provocada ante la pérdida de una persona, de expectativas que nos creamos, al final de todo aquello que proyectamos y que puede no cumplirse. Si la pérdida es importante para nosotros ¿por qué nos negamos a llorarla?

Hace unos años trabajando en un taller de psicoterapia nos pidieron que visualizáramos a alguien importante para nosotros, inmediatamente me vino a la cabeza la imagen de una persona que estaba en mi vida a la que he querido, quiero y querré siempre. De repente empecé a llorar desconsoladamente y acabó la clase y seguí llorando, continuamos las sesiones por la tarde y no podía parar de llorar.
Me enfrenté a la profesora, una reputada sicóloga y le dije…”no entiendo este ejercício, es absurdo, no vale para nada más que para sufrir de forma gratuita”. Ella desde la tranquilidad me dijo “no te preocupes, lo comprenderás”.
Y así fué….unos días después entendí que me había servido para recolocar en mi vida a ese hombre, que estaba en mi día a día pero no de la forma en que yo deseaba.

Necesitaba hacer un duelo a mis expectativas, a mis ilusiones rotas, permitirme llorar la decepción interna que tenía y que no había sido capaz de aceptar.
Me sirvió tanto, que cambió la percepción de mi trabajo….hay veces que uno no puede aliviar el sufrimiento del otro, simplemente hay que estar al lado, acompañándolo, sujetándolo….porque el dolor hay que llorarlo para que no se enquiste, para que no se quede atrapado en esa maraña llamada inconsciente, para que sirva de bálsamo curativo.

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Es el final del proceso de un duelo que nos permite mantener a nuestro lado a las personas que nos han hecho daño, nos permite recolocar nuestros afectos, nos permite aceptar y respetar la realidad del otro y sobre todo…nos libera de la pena para seguir adelante con el corazón contento y una sonrisa pintada en los labios.

 

 

 

Si crees que todavía hay capítulos en tu vida que necesitas cerrar en Alonso Project un equipo de terapeutas y coachs pueden ayudarte a que gestiones saludable tus relaciones personales pasadas y presentes.

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