La caja

Hay cajas que cuando se abren nos trasladan de golpe al pasado. Es como si los objetos que contienen tuvieran el poder de la tele transportarnos.

Te pruebas un vestido y te acuerdas del día que lo estrenaste, te calzas unos zapatos y recorres de nuevo los caminos que hiciste con ellos…..es como si de repente las experiencias pasadas se agolparan de nuevo en tu cabeza y en tu corazón.
La magia de abrir una caja años después es que te permite reencontrarte con el pasado de una forma diferente.
Algunas se cierran para siempre, otras se abren y descubres que lo que encierran tuvo su sentido pero ahora no caben en tu vida y otras vuelven a ubicarse pero en otro lugar. Al final lo único importante es saber donde colocarlas para que tengan coherencia con tu presente.

¿Por qué nos pasa esto y muchas veces sin buscarlo?
Nuestro cerebro está repleto de circuitos neuronales que se han ido formando con cada experiencia y cada vez que un objeto, una canción, un olor… nos conecta a través de los sentidos, volvemos a sentir una emoción similar.

Un amigo me decía el otro día una frase maravillosa “Somos hijos del momento que nos toca vivir” y tiene razón pero también somos hijos de nuestras vivencias pasadas y  de nuestra capacidad para superarnos y proyectar nuestro futuro.
Así que prefiero decir que somos hijos de nuestra habilidad para gestionar el presente que nos toca vivir con el aprendizaje de lo vivido.

image
El pasado, pasado es y no podemos cambiarlo, pero lo que si está en nuestras manos es la posibilidad de vivir el “ahora” de otra forma…. porque CADA COSA QUE NOS OCURRE, POR MUCHO QUE SE EMPEÑE NUESTRO CEREBRO EN BUSCAR SIMILITUDES, ES UNA EXPERIENCIA ÚNICA Y DIFERENTE.

image

Anuncios