¿Quién es más tóxico?

Los libros sobre personas y relaciones tóxicas han sido auténticos best sellers, han servido para que mucha gente identifique personas y situaciones que no son saludables, que les provocan malestar y eso está muy bien. Pero ¿cuál es el problema? que la mayoria ponen el foco fuera, que convierten al otro en un malo malísimo que solo ha venido a este mundo para hacernos la vida insoportable…¿y es eso realmente cierto?.

TODAS LAS RELACIONES QUE SE MANTIENEN A LO LARGO DEL TIEMPO SE PRODUCEN POR ALGO Y ESE ALGO ES…QUE AMBAS PARTES LO ALIMENTAN.
Hay relaciones que no elegimos, la familia, las que se generan en el trabajo… En esas cuando hay una convivencia insana es complicado salir huyendo, que es lo que aconsejan los libros de autoayuda ante una persona manipuladora, por ejemplo. ¿Pero de verdad esa es la solución? Siempre está como última opción abandonar el trabajo o dejar de hablar a la familia pero antes de tomar una solución tan drástica se puede intentar cambiar la relación, no intentando cambiar al otro si no cambiando nosotros, cambiando nuestra reacción y nuestra comunicación, en definitiva, aprendiendo a gestionar esa situación que nos saca de nuestras casillas, que nos bloquea o que nos arrastra hacia abajo.

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Cuando son relaciones elegidas, es decir amigos, pareja, amantes la cosa es más evidente. ¿Qué nos ata a personas o situaciones que podríamos evitar? La respuesta es que detrás de toda relación hay un beneficio mutuo, por muy tóxica que parezca y detras de ese beneficio puede que se esconda una carencia en nosotros que la otra parte esté alimentando….es decir que ni el otro es tan malo, ni nosotros tan buenos, que tan tóxicos somos nosotros cuando alimentamos una relación no saludable como la persona a la que hacemos culpable de todos nuestros males.
En ambos casos tanto si la relación ha sido elegida como si es impuesta hay cosas en común, una de ellas es que le damos poder al otro para que nos haga daño y ¿por qué nos hace daño? porque toca diana en uno de nuestros puntos debiles… consigue hacernos vulnerables.
Otorgamos ese poder a alguien que cumple una función en nuestra vida aunque no sea tangible, alimenta nuestra necesidad de recibir cariño, nuestra necesidad de controlar, nos permite juzgarle, hacernos sentir mejores que el otro, nos otorga poder para manipular o nos alimenta el ego de múltiples formas. Cada caso es diferente pero la conclusión es que tan tóxicos pueden ser los demás como nosotros mismos.

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Es dificil que alguien leyendo uno de estos libros se reconozca y diga “andá soy el prototipo del manipulador o tengo todas las características de un vampiro energético” pero sí, todos hemos sido tóxicos para los demás alguna vez en la vida, solo que estábamos tan metidos en nuestro dolor y en nuestro ego, que no lo veíamos.
“Los malos son siempre los otros”, pues resulta que no, que todos podemos estar en los dos bandos en alguna ocasión y reconocerlo y analizarlo es una de las cosas más sanadoras que uno puede hacer.

 

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Volviendo el foco hacia nosotros descubriremos que detrás de esa relación existe una debilidad en nosotros que no hemos sido capaces de trabajar. En unos casos puede ser el miedo al abandono, el miedo a la soledad, la necesidad de controlar para compensar la propia inseguridad, una autoexigencia extrema, la no aceptación o la falta de amor a uno mismo.

Volver el foco hacia nosotros nos permite descubrir que carencias tenemos y trabajarlas en terapia nos otorga el poder para elegir y se lo resta al otro, que probablemente esté tan perdido como nosotros y no sepa hacer las cosas de otra manera.
Volver el foco hacia nosotros nos permite descubrir nuestros comportamientos insanos, las actitudes y los patrones que nos perjudican, nos permite recuperar la autoestima y valorarnos de verdad. Y cuando sucede eso, “el milagro”, “la magia” de aceptarnos, de valorarnos, de querernos tal y como somos con nuestras virtudes y reconociendo y mejorando nuestras debilidades o carencias, las relaciones tóxicas acaban desapareciendo porque ya no necesitamos que nadie llene ese vacío.
En Alonso Project te ayudamos emprender ese camino, un camino que nos conduce a la libertad porque nos hace responsables de nosotros mismos y por extensión de las personas que elegimos en el camino de la vida… y eso siempre merece la pena.

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